La piedra de ámbar es muy fácil de limpiar. Solo se puede frotar suavemente con un algodón empapado en infusión de salvia o se puede limpiar bajo un chorro de agua caliente durante al menos un minuto.
Por otro lado, para activarlo, es necesario hacerlo a la luz de la luna, rodeado de piedras de cristal de roca durante al menos 24 horas. Es importante no exponer demasiado la piedra al sol, ya que podría dañarse.
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¿Qué sucede si se detecta el ámbar?
Si ocurrió un accidente y tu pieza de ámbar resultó gravemente dañada, no te enojes ni te pongas triste. Lo más importante es que no intente reparar la piedra usted mismo. En tales casos, debe entregar inmediatamente la pieza de ámbar a un buen joyero, hasta que los bordes del mineral comiencen a cambiar sus propiedades bajo la influencia del medio ambiente. Los joyeros tienen todo lo que necesitas para reparaciones rápidas y de calidad, ¡y tu piedra quedará como nueva!
El ámbar es una gema inusual y algo mágica, por lo que debe tratarse con amor y cuidado. Es un verdadero milagro de la naturaleza, no está escondido en cajas, por lo que debe dejarse respirar, limpiarse solo de vez en cuando con agua corriente y pulirse suavemente con un paño que no raye. Afortunadamente, la gema de ámbar te dará su maravillosa calidez y brillo.
¿Qué pasos hay que seguir para limpiar el ámbar?
Limpiar el ámbar no puede ser una actividad que hagas al azar, usando productos sin saberlo, porque es bastante fácil dañarlo y no podrás volver a repararlo. El ámbar no es una piedra como tal, sino un mineral orgánico bastante delicado y frágil.
Nunca use sus joyas cuando manipule o aplique productos cosméticos
El jabón, los productos cosméticos e incluso el perfume dañarán el ámbar. Asegúrese de aplicar cualquier producto, como perfume en aerosol y laca para el cabello en aerosol, antes de ponerse las joyas. Así podrás evitar que caigan gotas del producto sobre ellas y pierdan su brillo para siempre. Además, no use sus joyas con un baño y trate de quitárselas de antemano.
El calor y los productos químicos domésticos, especialmente las soluciones de limpieza y los detergentes, pueden destruir el ámbar.




























